Puerto Rico es un “cupcake”: Lo que aprendimos en la cumbre de inversionistas

El 25 de febrero de 2020 se llevó a cabo en La Concha, en Condado, el evento ICON Puerto Rico, una conferencia dirigida a promover los incentivos contributivos que ofrece el gobierno a inversionistas extranjeros. La actividad, cuyo costo de entrada era de entre $895 y $995, contó con la participación de más de 30 panelistas y alrededor de 70 asistentes.

Ayuda Legal Puerto Rico tuvo la oportunidad de estar presente y escuchar de primera mano cómo se ve nuestro país desde la perspectiva de las personas participantes en este tipo de evento.

¿Qué aprendimos?

1. Puerto Rico es un cupcake.

La parte del bizcocho es lo que ofrecemos como país y como pueblo. El frosting son los atractivos incentivos contributivos que se le ofrecen a compañías e individuos para que se establezcan e inviertan su dinero en Puerto Rico. La cherry son los beneficios de las Zonas de Oportunidad. Así describió a Puerto Rico, María de los Ángeles Rivera, directora en Kevane Grant Thornton, una firma de contabilidad con contratos de asesoría y auditoría ascendentes a $3 millones con dependencias del gobierno de Puerto Rico, incluyendo el Departamento de Desarrollo Económico y Comercio (DDEC). A través de todo el día, diferentes ponentes se refirieron a esta imagen para insistir en que Puerto Rico tiene mucho que ofrecer e incluso que el cupcake podría ser beneficio suficiente, pero que es necesario aderezar la oferta para ser aún más competitivos ante otras jurisdicciones. Sólo un ponente, Adrián Franco del Federal Reserve Bank of New York, insistió en que la efectividad de estos incentivos depende de que se cuente con el insumo de las comunidades para identificar sus deseos y necesidades y que se les incluya como colaboradoras en los procesos.

 

2. Existen dos Puerto Rico.

En uno viven estas personas con sus urbanizaciones de lujo cerradas, educación privada de primer orden, servicios exclusivos y tasas contributivas mínimas; y en otro  vivimos la mayoría, con nuestras comunidades inseguras, infraestructura pública arruinada, servicios públicos en decadencia e impuestos que nos vacían los bolsillos. Ese segundo Puerto Rico apenas fue reconocido o mencionado durante esta conferencia. Sólo el desarrollista Federico “Friedel” Stubbe mencionó a la comunidad de la Península de Cantera como una en la que las residentes son pobres pero felices. Añadió que urge que estas personas sean más ambiciosas. Además, en varias ocasiones se mencionó el lamentable estado de las carreteras en Puerto Rico. Primero, Harry Markopolos, ejecutivo de Wall Street retirado y beneficiario de la anterior Ley 22 de 2012 (ahora Sección 2022 de la Ley 60 de 2019), proveyó consejos sobre qué tipo de gomas de carro comprar para lidiar con los hoyos. Más tarde, Iván Zabala, ejecutivo de bienes raíces, habló cariñosamente de los cráteres en la calle Cerra y los destacó como parte de la experiencia local que buscan los turistas.

 

3. El gobierno de Puerto Rico no tiene un plan coherente de desarrollo económico para guiar las inversiones en Puerto Rico.

El comentario reiterado de funcionarios de gobierno, inversionistas y comerciantes locales fue que Puerto Rico necesita desarrollar su marca, es decir, cómo se vende para el exterior. Sin embargo, nunca se presenta un plan específico, abarcador o coherente sobre cuál será la imagen de Puerto Rico para el exterior más allá de un paraíso tropical, con playas hermosas y un pueblo cálido y gentil. En ningún momento, los administradores locales proveen guía o identifican necesidades que pueden ser suplidas y atendidas con un influjo de capital externo. En cambio, son muy efectivos en poner a Puerto Rico a disposición de lo que necesiten estas empresas e individuos para establecerse aquí virtualmente para lo que sea, nos convenga o no. Esto se presta fácilmente para que continúe el desarrollo desigual, inconexo y desvinculado de las amplias necesidades de nuestro pueblo, entre ellas, mejores empleos, viviendas seguras, servicios de salud y de educación de calidad, y entorno saludables.

Nuestra experiencia en ICON Puerto Rico sólo nos confirmó que nuestras comunidades y residentes están cada vez más amenazadas por un desarrollo económico inequitativo, atropellante y que no le sirve a sus deseos y necesidades. La calidad de vida de nuestra gente no va a mejorar si el gobierno se limita a poner nuestra tierra en una bandeja de plata para el consumo del capital extranjero, sin planificación, sin participación y sin condiciones para garantizar unos derechos mínimos a la población. En síntesis, vender barato a Puerto Rico no puede ser la salida a la crisis económica y de vivienda que enfrenta nuestro País.

La recuperación justa de Puerto Rico requiere que el acceso a oportunidades sea equitativo. Las comunidades tienen derecho a desarrollar y ejecutar sus propios planes de acuerdo a sus necesidades y capacidades. También se deben crear e implementar mecanismos que les permitan participar de manera informada y efectiva en las iniciativas de desarrollo económico del gobierno. El gobierno tiene la responsabilidad añadida de proteger a las comunidades y sus residentes para que puedan ejercer su derecho a decidir y permanecer en los espacios donde viven, trabajan y comparten. Sólo respetando y sosteniendo estos principios fundamentales podemos aspirar a construir el País que queremos y merecemos.

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